LA HISTORIA DE HEIDI

By: | Tags: | Comments: 0 | July 30th, 2015

Soy una profesional de 39 años relativamente bien de mente y cuerpo…bueno, eso es después de ser tratada en el Hotze Health & Wellness Center. Ciertamente no era así hace 6 años y medio cuando mi pesadilla personal comenzó.

Tenía 33 cuando el 21 de julio regresé a casa del trabajo y sentí como si un interruptor en mi cuerpo hubiera sido apagado. Fui el inicio de un descenso que se convertiría en una pesadilla para mi. Empecé a sentir fatiga y perdí el deseo sexual y sabía que eso no debería estar sucediendo a mi edad. Literalmente venía a casa y dormía cada noche a las 7/8:30 pm. Eventualmente dejé de hacer ejercicio porque estaba demasiado cansada.

Después de un año, aumenté 65 libras y estaba experimentando problemas de memoria. Cuando digo problemas de “memoria”, me refiero a que para las tardes, no podía recordar detalles de juntas que recién había tenido en la mañana.

Hablé un buen rato con mi ginecólogo y obstetra de todo esto en mi visita anual. Nunca olvidaré su respuesta: “Necesita aprender a lidiar con el estrés de otras maneras que no sea usando el refrigerador. Deje de comer todo es pan y postres”. Me quedé sin palabras. Sólo le comuniqué lo que creía que eran problemas válidos y él me mandó a volar. Recuerdo haber pensado que sí me gustaba el pan, ¡pero no lo suficiente como causarme un aumento de 65 libras! En cuanto a los postres, según mi experiencia, comer el pastel de cumpleaños cuando celebrábamos cumpleaños en la familia no causaba esto. A este paso pensé, yo no soy la loca, tengo un doctor con una rara actitud. Así que encontré un nuevo doctor para mi siguiente visita anual.

Otro año pasó con dos pruebas más que solicité para el hipotiroidismo, porque tenía historial familiar con eso. Los resultados que me comunicó el doctor declaraban que no había algún “problema” con mi tiroides.

Me dijo que investigar sobre los síntomas del hipotiroidismo me convertiría en hipocondriaca, ¿Por qué no pensé en eso? Seguramente debía tener algún sentimiento profundo que estuviera reprimiendo o algo así y solo estaba tratando de obtener más atención. Respuesta equivocada; pero sí estaba comenzando a dudar de mi misma.

Mi esposo y yo decidimos intentar quedar embarazada mientras el tiempo se estaba extendiendo. Nada pasaba así que fuimos referidos con un nuevo ginecólogo y obstetra, quien también me hizo un examen e la tiroides, me diagnóstico que estaba en depresión y con un endocrinólogo especialista en fertilidad que en ese tiempo estaba entre los 5 mejores del país, ¿sólo lo mejor, verdad?

Mi salud continuó deteriorándose. Adicional a mi lista de síntomas estaba los síntomas de SPM (retención de líquidos, cambios de humor, etc.) que experimentaba 10 días al mes, uñas quebradizas, rigidez, dolor en articulaciones, piel seca,  inflamación y sensibilidad en los senos al punto de que me goteaba un líquido (bonito, ¿no?), una lengua tan inflamada que me despertaba cada noche ahogándome, y siempre con frio. Tenía frio hasta el punto de dormir con pijamas de franela y una cobija eléctrica todo el año.  Yo creo que era la única empleada donde trabajo que podía caminar 10 minutos que me tomaba ir del estacionamiento a la oficina usando una chaqueta en julio y sin sudar. También tenía ajustado el clima de mi oficina a 76 grados.

Pensé que me gané la lotería con el doctor especialista en fertilidad. Me pude embarazar y seguramente éste doctor, de toda la gente, podía entender mis otros síntomas para darse cuenta que tenía un problema válido. Analizó mi nivel de tiroides y me dijo que estaban apenas cerca del “rango normal”, que no había “problema”.

Debido a que estaba ahí por razones de fertilidad, también tenía que registrar en una tabla mi temperatura por varios meses. Así que salí en búsqueda de un termómetro basal. En caso de que no sepan qué es, es un termómetro que ayuda a predecir la ovulación, pero solo comienza a medir la temperatura corporal cuando está alrededor de los 97 grados. Estaba enojada pensando en que la maldita cosa no funcionaba porque nunca registraba mi temperatura. Convencida de que estaba roto, lo cambié por un termómetro regular, sólo para descubrir que me temperatura constantemente estaba debajo de los 97 grados.

La respuesta del doctor a todo esto fue prescribir Parlodel.  Esto se supone que reforzaría la ovulación en mi cuerpo. Y sí ovulaba entonces, pero seguí presionando por obtener una respuesta sobre la causa de que mi cuerpo no funcionara adecuadamente.

Siete meses de Parlodel me llevó a dos visitas a Urgencias por falta de aire y el ritmo cardiaco acelerado.

No hay nada en el mundo como escuchar al doctor de emergencias describirte con el siguiente doctor en turno como “mujer obesa” en el cuarto número lo que sea. Lloré hasta quedarme dormida y después fui dada de alta. De hecho, ahora la mayoría de los días lloraba.

Adicionalmente a todos estos síntomas, durante estos 7 meses mi cabello se hizo tan seco  opaco que decidí cortármelo. Mi nuevo “estilo” por así traté de llamarlo, también reveló alguno de calvicie porque mi cabello se había estado cayendo a un ritmo alarmante. Como si las cosas no fueran ya tan malas, estar constipada tuvo un nuevo significado para mi. Podía pasar 8 días sin evacuar, 3 o 4 días sin hacerlo no era nunca normal, aunque para mi se convirtió normal. Me debían haber regalado certificados de Metmucil y laxantes EX por tantos que compré por años. ¡Incluso aun me estremezco cuando paso por esos productos en la tienda! Para ese tiempo, hasta pasaba mi hora de comida durmiendo en mi oficia porque estaba muy cansada.

El endocrinólogo especializado en fertilidad aceptó a regañadientes  hacer un estudio más de la tiroides para darme “buen humor” según dijo. Nunca olvidaré el día que me llamó con los resultados. Estaba en casa había tomado un día de vacaciones porque estaba muy cansada. Pasé la mayor parte del día llorando y durmiendo. Sentía que apenas existía y no tenía una calidad de vida absoluta. Ciertamente ya no disfrutaba más, no tenía confianza y dudaba de mi propia sanidad por “imaginar” lo miserable que me sentía.

El doctor me llamó con los resultados y me dijo que no tenía un problema de toroides, que debía seguir buscando ayuda con un profesional en salud mental porque ya no me podía ayudar más si yo seguía insistiendo que mis problemas era relacionados a la tiroides. Me dijo que no estaba cansada, que lo  más probable es que tuviera pereza. Me quebré, mucho.

Sin pensarlo, le respondí con malas palabras y colgué. No era una respuesta de la que estoy orgullosa, pero les puedo decir que ya no me sentía como un ser humano y había alcanzado mi punto más bajo.

Luego Dios me dio un regalo, inmediatamente después de colgar esa llamada, tuve una tarde de completa claridad mental después de pasar años caminando dando vueltas en lo que sentía como una neblina. No estaba loca ni imaginaba mis síntomas. Recordé a mi cuñado hablando de un sitio donde podías revisar los síntomas del hipotiroidismo o cualquier enfermedad y leí las opiniones de los pacientes que hacían sobre los doctores. Leí repetidamente maravillas del Hotze Health & Wellness Center. Los pacientes constantemente escribían que los doctores en la clínica sí los escuchaban y les prescribían tratamientos muy exitosos.

Mientras todo lo anterior sucedía, también estaba siendo tratada para el asma y las alergias por el Jefe de Medicina Interna de un hospital importante en el Centro Médico de Houston. Recibía inyecciones semanales, el Singulair por la noche para el asma, 2 inhalaciones al día de Claritin, 2 de Serevent y Azmacort. Todavía me sentía muy mal y sufría de mis síntomas. Yo no sabía que no era normal no tener infecciones de los senos al menos cada 8 semanas. Tomé esteroides y antibióticos tan a menudo que mi médico para el asma /alergia ya no los podía prescribir para mí.

Todo cambió una mañana de febrero cuando conocí al Dr. Sheridan en el HHWC y me presentó las maravillas de la terapia de reemplazo de hormonas bioidénticas. Al principio estaba escéptica, pero ésta era mi última oportunidad de recuperar mi vida así que escuché, hice preguntas y accedí a intentarlo.

Diagnosticada apropiadamente con hipotiroidismo, tengo la temperatura corporal normal otra vez y todos los horribles síntomas han desaparecido. La testosterona me está ayudando a reconstruir el  inicio de la osteoporosis  en mi espalda baja (mi “nuevo” doctor me dijo que me dolía solo por el peso, que no se necesitaba ninguna prueba). Las gotas para la alergia y suplementos eliminaron mis síntomas de alergias y asma, ya no necesito otra medicina para eso. ¡Ahora puedo cortar el césped del patio sin estornudar tanto!

Si está experimentando cualquier de estos síntomas como los de Heidi, contáctenos hoy ¡y le ayudaremos a tener su vida de vuelta!

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