LA HISTORIA DE GLYNN – FATIGA Y DOLOR EN LAS ARTICULACIONES

By: | Tags: | Comments: 0 | July 27th, 2015

Lea cómo Glynn superó su fatiga.

Mi nombre es Glynn y apenas tengo 59 años de edad. Hace poco me sentía como si tuviera 109. Antes del 21 de julio de 2005 (el día de mi primera consulta en el Hotze Wellness Center), en una escala del uno al diez, mi vida era un tres y bajaba rápidamente. Todos los días me arrastraba para salir de la cama y pasaba al sillón y me quedaba ahí casi hasta el mediodía, luego, con la energía que podía reunir, vaciaba la lavadora de platos y metía dos platos de comida congelada en el horno de microondas antes de que mi esposo llegara a comer. Después volvía al sillón y me quedaba ahí hasta que “preparaba” la cena: otros dos platos congelados. Salir de la casa era casi imposible. Si intentaba ir al supermercado, mi esposo tenía que llevarme y para cuando llegaba al segundo pasillo estaba molida.

Cuando nació mi segundo nieto me sentía tan mal que ni siquiera pude tomar un avión para ir a verlo. Se me rompió el corazón. Durante años esperé la oportunidad de convertirme en abuela, de cargar y mecer a mis nietos, llevarlos al parque, jugar con en ellos sobre el suelo. Pero mi interacción con mis dos nietos se limitó a llamadas por teléfono y fotografías. Me estaba perdiendo de la dicha de ser abuela. Y no podía hacer nada para evitarlo.

Me sentía tan enferma, tan cansada, que no recibía ni a mis mejores amigos en casa. Es más, ni a mi hijo de treinta años. No me sentía con la energía suficiente como para estar en una cuarto con otras personas, ni mi propia familia. Y si no podía convivir, mucho menos recibirlos y ser la anfitriona cariñosa que quería y solía ser. No quería que me vieran en tan mal estado, tan malo que no podía explicarlo ni arreglarlo.

En las pocas ocasiones que podría arrastrarme para salir del sillón y de la casa (con pants y sin maquillaje), me paseaba por mi otrora patio verde y frondoso para ver una serie de macetas de barro: algunas vacías, otras con tierra vieja y quebradiza. Se veían acabada, muertas, tal como yo me sentía. El patio era un triste recordatorio de lo que era mi vida. Todos los días me preguntaba: ¿Qué me pasó? ¿Así me voy a sentir por el resto de mi vida? ¿Dónde está mi energía? ¿De dónde viene el dolor físico y emocional? ¿Por qué no puedo concentrarme en las cosas que antes eran importantes, como mi familia y amigos, el negocio que arrancamos mi esposo y yo, mi alguna vez hermoso jardín?

Mantuve la misma rutina por más de un año. Al final de las cansadas consultas con muchos doctores, cada especialista que encontré falló en diagnosticar algo concreto, aunque todos recetaban lo mismo: ejercítese, baje de peso y tome antidepresivos. Eran consejos desalentadores para la mujer que si apenas tenía la energía suficiente como para entrar a la regadera y llegar al sillón, nunca iba a poder ir al gimnasio o dar una vuelta a la manzana. Sentí que debía simplemente hacer las cosas, solo hacerlas, pero si apenas podía atarme los zapatos.

Me dolían las articulaciones y, aunque las inyecciones de esteroides ayudaron un poco, el alivio era solo temporal. Nada funcionaba e iba de mal en peor. No entendía por qué seguía aumentando de peso si comía muy poco durante el día. Además, los antidepresivos solo me adormecían a tal grado que no me importaba nada. Estaba lista para darme por vencida.

Hasta que un día una amiga cercana escuchó el programa de radio del doctor Hotze. Llamó y pidió que me enviarán información. Luego me llamó de larga distancia todos los días, varias veces al día, hasta que programé una consulta. Había sido suficiente, ¡algo iba a cambiar!

Y algo cambió. El equipo del doctor Hotze no solo me hizo exámenes, sino que además me escucharon, de verdad escucharon lo que dije que le pasaba a mi cuerpo y a mi vida: no tenía energía, me dolían mucho las articulaciones, sufría de niebla mental, ansiedad, depresión, insomnio, años de constipación, pérdida de apetito, aumento de peso sin poder bajarlo, frío, inflamación… una lista interminable. Los médicos del centro me trataron como persona con una vida por delante y no como un ‘caso clínico’. Me aseguraron que, a pesar de que los exámenes mostraban resultados “normales”, mi cuerpo estaba pidiendo ayuda y sabían exactamente qué era lo que decía: tenía proliferación de levadura en mi tracto digestivo y mi tiroides y hormonas no funcionaban, así que necesitaban ayuda, naturalmente.

Hotze me dio un diagnóstico que hizo sentido. Además, me recetaron un programa de bienestar total que funcionó (un plan de alimentación que me hizo sentir mejor y perder peso, junto con un régimen de vitaminas, suplementos y medicamentos naturales hechos a la medida para mí). Me aseguraron que me sentiría cien veces mejor y que recuperaría mi buen estado de salud en cuestión de semanas. ¡Tenían razón! En apenas dos meses me había convertido en una persona completamente diferente. Y los magníficos profesionales del centro Hotze me acompañaron en cada tramo del camino.

Gracias a la charla con el médico en el centro Hotze supe que mi cuerpo llevaba veinte años diciéndome que algo andaba mal. Pero como siempre fui una madre, esposa, amiga y vecina devota, no había tenido tiempo de darle importancia a mi salud. ERROR. Todo eso pasó factura en el cuerpo. Sin embargo, con el centro Hotze, tengo una segunda oportunidad de conseguir una vida saludable, ¡y me siento DE MARAVILLA!

Ahora, cada mañana salto de la cama y paso media hora en la caminadora. Cumplo con todas las tareas del hogar, trabajo con mi esposo, he vuelto a la jardinería. ¡Perdí más de 18 kilos! Voy encaminada a convertirme en la persona que solía ser: risueña, detallista, trabajadora. Nunca me había sentido mejor.

Hoy, aquellas macetas vacías del jardín contienen plantas verdes, florecientes. Deberían verlas. Este último año mi hijo pasó una preciosa Navidad con nosotros y disfruté tanto la cocina, la decoración… llevaba años sin hacerlo. ¡Y este mes volaré a visitar (y corretear) a mis dos lindos nietos!

Con la ayuda del doctor Hotze recuperé mi salud y mi vida. Mi esposo recuperó a su esposa; mis amigos, a su amiga; y mis nietos, a su abuela. ¡Gracias, doctor Hotze!

¿Puede identificarse en la historia de Glynn? No espere más. Póngase en  Contacto con nosotros y permítanos ayudarle a recuperar su vida.

Leave a Reply

Send this to friend