LA HISTORIA DE JANET – NEBLINA MENTAL

By: | Tags: | Comments: 0 | July 29th, 2015

Acabo de regresar de correr dos millas, incluyendo dos carreras (o algo así). Al inicio de la semana jugué dos sets sencillos de tenis. Mañana temprano tengo una lección con un profesional que me enseñará a dar golpes como los chicos universitarios. Sé que nunca “estaré ahí” (El medicamento Armour Thyroid no es milagroso) pero me divertiré intentándolo. Tengo 56 años y tengo la confianza de tener muchos más años de vida activa. Tal vez no gane ningún concurso de belleza (muy vieja y mucho sol para eso) pero seré una abuela que todavía juegue tenis a los 83 años o más.

 

No hace mucho, había perdido la visión, y no fue gracias a la herencia y los muchos doctores, estaba luchando por sobrellevar cada día, pensando que envejecer sería mucho más difícil de lo que nunca hubiera imaginado. Pensé que estaba teniendo la enfermedad de Alzheimer y un doctor me sugirió intentar gomas de mascar de nicotina, que los estudios han encontrado que puede ayudar a prevenir el Alzheimer. Inmediatamente me enganché el incremento de energía pérdida de peso. Otro doctor me diagnosticó con ADHD y comencé a tomar Ritalin, lo que me hizo tener la energía para llevar a cabo la remodelación de mi casa y además me ayudó a controlar mi peso. Pero seguía teniendo problemas de memoria, mi piel estaba seca, se me caía el cabello, mis manos estaban frías, tenía la voz ronca, me quedaba sin aliento fácilmente, tenía el síndrome del túnel carpiano, etc. Había leído que estos eran síntomas del hipotiroidismo y también que la prueba de la tiroides no era muy confiable, pero mis doctores, incluyendo un endocrinólogo joven,  me trataban “como si tuviera demasiado tiempo en mis manos”. Una enfermera me preguntó si “estaba todo bien en mi casa”. Y siempre deseaba haber respondido “no, nada está bien en mi casa. Es normal solo necesito la energía para lidiar con todo” cuando ella me llamó para decirme que mi prueba de tiroides resultó normal, le dije que no y que le rogaba que aprendiera más del tema, no solo por mi, sino por otro que sabía estaban sufriendo lo mismo que yo.

 

De hecho, cuando estaba en la universidad, me preguntaba qué estaba mal conmigo, incluso si tenía hipotiroidismo. Investigué sobre la endocrinología, pero el hipotiroidismo parecía como una enfermedad loca porque los artículos que leía generalmente incluían fotos de mujeres en la edad mediana con el bocio desfigurado. No me gustó eso y además de no tener mucha energía, no tenía ningún otro de los síntomas. Era una buena atleta y estudiante, pero cuando otros querían salir de fiesta yo estaba muy cansada. Sabía que algo no estaba bien y fui al centro médico estudiantil, pero el doctor solo me dijo que estaba demasiado preocupada por el funcionamiento de mi cuerpo.

Durante mi vida adulta, continué luchando con problemas de fatiga. Recuerdo haber leído en alguna parte que la fatiga crónica nunca era normal y estuve de acuerdo. Pero de algún modo nunca podía llegar al fondo de todo. Par darle el crédito a un doctor, él sí me ayudó con mis alergias de la comida y candidiasis, pero le faltó encontrar la causa subyacente de mi problema de hipotiroidismo y pensó que era hipocondriaca, que es otro síntoma de la falta de diagnóstico a largo plazo del hipotiroidismo. Mi historial médico es vergonzosamente largo, porque siempre estaba tratando de averiguar qué estaba mal en mi. Adicionalmente, mis manos siempre han sido sensibles al frio, algo que no había notado hasta que estuve en medicación para la tiroides. En lugar de meramente tolerar el tiempo frio, ahora lo encuentro atractivo y estimulante.

 

Finalmente hace tres años, hablé con un doctor joven sobre darme medicamento para la tiroides (Synthroid). Amenacé diciendo “si no me iré a México y me lo compraré”, así que accedió en prescribirme una pequeña dosis y me dijo que volviera en seis semanas. Sentí un alivio inmediato: era la prueba que necesitaba para confirmar que mi problema realmente era el hipotiroidismo. No regresé a ver ese doctor porque sabía que tenía un entrenamiento muy tradicional para ayudarme con problemas de la tiroides. Moderé mi uso de acuerdo a los libros que leía. Luego fui con el endocrinólogo que había escrito uno de esos libros y me ayudó con la dosis también.  Pero él solo estaba interesado en el problema de tiroides y pituitario además de confiar en un tratamiento de hormonas sintéticas. Había escuchado sobre el Hotze Health & Wellness Center pero pensé que yo sola podría arreglar mis problemas.  Después de luchar por tres eses, fui a la clínica. Me pude haber ahorrado tiempo y dinero del seguro médico si hubiese ido ahí primero. Sobre todo, el medicamento de Armour Thyroid en la dosis adecuada (más alta que la prescrita) sí era milagrosa. Sin embargo, no estoy segura de dónde estaría si no hubiera tenido el incentivo para seguir la dieta anti-candidiasis así como el tratamiento para alergia y otras hormonas naturales que me dieron.

 

Me sentí muy optimista, ahora no voy a desaparecer en el olvido ni quedarme en una cama por muchos años con una enfermera en un asilo de ancianos como mi abuela paterna lo hizo. Tampoco me quedaré dormida en la silla todo el tiempo como mi padre, quien creía que tenía la presión sanguínea baja, sufrió de una obstrucción de las arterias y luna insuficiencia cardíaca congestiva. Él fue un niño problema quien por muchos años, incluso de adulto, nunca pudo actuar bien. Estoy agradecida de que hayan doctores, tal como los de la clínica Hotze, que están dispuestos a liberarse del yugo de su formación en la escuela de medicina y poner realmente atención a lo que está pasando con sus pacientes. Estos doctores saben que la glándula de la tiroides está mucho más involucrada en la salud que lo que actualmente se enseña y cree, y ellos están deseosos de actuar de acuerdo a sus convicciones.

Igualmente cuando mis dos hijos adolescente comenzaron a quejarse de sentir frio y tener problemas de memoria, me sentí confiada de saber a dónde llevarlos. Quería asegurarme de que ellos no serían víctimas de un mal diagnóstico del hipotiroidismo. ¡Este rasgo familiar es tratable!

 

Si se identifica con la historia de Janet, contáctenos HOY ¡y le ayudaremos a tener su vida de vuelta!

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