LA HISTORIA DE ROSE

By: | Tags: | Comments: 0 | August 11th, 2015

En 1997, luego del nacimiento de mi hijo, sufrí de un prolapso de vejiga y útero. A mis 37 años, este hecho no solo me causó mucho dolor sino que resultó muy vergonzoso. La recomendación que obtuve de uno de los más prestigiosos médicos ginecólogos del sur de Texas fue “levantar la vejiga y extirpar el útero”. Las palabras exactas del doctor fueron: “un útero solo sirve para dos cosas: bebés y cáncer, y como no planea tener más hijos, lo mejor sería removerlo para reducir el riesgo de cáncer”. Durante la consulta, abordé el tema de si debería tomar un tratamiento de Reposición Hormonal y me contestó con otro de sus famosos dichos: “dado que le realizaré una histeroctomía parcial sin extraer sus ovarios, no necesitará de eso”.

Me retiré del consultorio médico sintiendo que el doctor me hacía un favor al reducir mi riesgo de contraer cáncer uterino, mis periodos, y otorgarme una nueva oportunidad en mi vida. El día de la cirugía llegó lo que significo, en retrospectiva, el inicio del fin: el procedimiento llevó mucho más tiempo de lo esperado y sangré profusamente en la mesa de operaciones. Mi esposo incluso tuvo que dar su aval para realizar una transfusión sanguínea. Lo que en papel sería una estancia de un día y medio en el hospital se tornó en cinco. Luego de llegar a casa, casi de inmediato comencé a experimentar sudoraciones nocturnas y depresión, lo que, según la opinión de mi médico, era normal y transitorio; sin embargo, los síntomas nunca cedieron. De hecho, intenté de todo de 1999 al 2004 en mi búsqueda de alivio antes de acudir al Hotze Health and Wellness Center: terapia, antidepresivos, remedios herbales, estudios de laboratorio, medicamentos sin receta y oraciones. Mi esposo e hijos vieron mi dramático colapso durante cinco (5) años.

Mi temperamento pendía siempre de un hilo, y gritaba y lloraba ante la menor excusa. Nunca estuve feliz y dejé de experimentar el deseo de ser madre y esposa, de ir a la iglesia, de tener una carrera profesional o de cuidar mi salud física. Aunque trataba de sobrellevarlo, me sentía muerta por dentro. En el 2003, mi familia y yo nos mudamos a Houston, y el estrés de la mudanza casi me acaba. No solo estaba mal emocionalmente sino que físicamente me sentía exhausta y enferma: libré una batalla constante con resfriados e infecciones, y mi piel parecía envejecer años de la noche a la mañana. Mi esposo y yo no parábamos de rezar por que me aliviara o por lo menos encontrara algo de ayuda.

Una ocasión, luego de un viaje de negocios, mi esposo me mostró una de esas revistas que regalan en las aerolíneas. Dentro de ella encontramos una historia muy similar a la mía, por lo que sentimos que el artículo que la contenía era una respuesta a nuestras oraciones. En enero del 2004, sentimos que revivíamos: luego de una gama de estudios, el doctor Ellswort, del Hotze Health and Wellness Center, me ayudó a recuperar mi vida. Tomé Armour Thyroid para mi hipotiroidismo, progesterona y estrógeno como Reposición Hormonal y cortisol para la fatiga suprarrenal. Aún cumplo con el programa alimenticio libre de levadura que me prescribieron los doctores y trató de ejercitarme tan seguido como me es posible. Estoy aquí para testificar que no sufrí depresión alguna durantedos años, mis pensamientos y emociones están en equilibrio, y me siento con tanta energía que pienso enfocar a cultivar una relación amorosa con mi esposo y mis hijos. AGRADEZCO A DIOS y al Hotze Health and Wellness Center por devolverme mi vida.

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