LA HISTORIA DE ROSINA

By: | Tags: | Comments: 0 | August 11th, 2015

A los 26 años de edad me quitaron mi segundo ovario por que estaba gangrenado, así que mi cuerpo entró de lleno a la menopausia. En aquel entonces no lo pensé, porque además no podría tener hijos, así que seguí con mi vida, pero me vi envuelta en varios problemas de salud con el paso del tiempo. Ahora tengo 43 años y mi sistema hormonal cree que tengo 65. Me di cuenta de esto porque la mayoría de las mujeres entran a la menopausia entre los 40 y 50 años; sin embargo, yo había sido posmenopáusica durante 17 años, desde los 26… ¿se dan cuenta? Ya que expliqué eso, puedo comenzar con mi historia y así creerán que el Hotze Health and Wellness Center me devolvió mi vida

Retrocedamos un poco. Mi esposo y yo queríamos tener hijos y nos embarcamos en la aventura de los ciclos de fertilización invitro con la ayuda de mi hermana, que decidió donar sus huevos. Cada intento terminó mal, así que vendimos nuestra casa de cuatro habitaciones en las afueras de la ciudad porque ya no la podríamos llenar de niños y nos mudamos a una casa más pequeña en la ciudad. Volví a la escuela para obtener un título de maestra y me resigné a no tener hijos propios; en cambio, serían veintidós pequeños a los que enseñaría.

Trece años después nos llamaron de otro estado. Una chica de diecisiete años se había embarazado y dejaría al niño, así que los amigos que nos llamaron preguntaron si queríamos ser padres. Respondimos que sí y recibimos a un hermoso recién nacido. Sin embargo, debíamos cumplir con varios requisitos de adopción de una agencia. Cuando cumplíamos con los requisitos, nos preguntaron si seríamos guardianes de un niño cuya madre había vivido de forma peligrosa durante su embarazo. Aceptamos y adoptamos a un segundo niño. Seguimos con eso y el Señor nos dio la oportunidad de ayudar a un grupo de hermanos que necesitaban un hogar. La madre de estos también había vivido un embarazo riesgoso. Todavía tenemos la pequeña casa en la ciudad, solo que ahora está llena con cuatro hermosos y saludables niños que nacieron entre 2000 y 2003. ¿Quieren que saque cuentas? A diciembre de 2005 tenemos niños de cinco y cuatro años, uno le lleva al otro veintiún meses; otro de tres años y uno de dos y cada uno de los últimos tres se llevan once meses y medio. Y pensamos que con eso había acabado la odisea. Pero el Señor nunca te da más de lo que puedas manejar.

Era necesario que me pusiera las pilas y le diera a mis hijos y esposo lo mejor de mí, peor mi salud me lo impedía. Aunque no me daba cuenta, cada día era una lucha constante entre emociones y fuerza física; no podía. Durante varios años consulté con doctores y probé toda la gama de reposición de hormonas, entre píldoras y parches, mientras seguía quejándome de bochornos (y no ligeros episodios de acaloramiento, sino momentos en los que el maquillaje se me corría de tanto sudor), pérdida de libido, aumento de peso, SII (síndrome de intestino irritable), dolor en las articulaciones y otros problemas relacionados a los síntomas posmenopáusicos. Todos los doctores me dijeron que debía aprender a vivir con eso. Así que me tomé las pastillas y seguí, año con año, de hecho, diecisiete en total. ¿Puedo hablarles de la libido o bien, de la falta de libido? Cuando le pregunté a la última doctora, me dijo: “Bueno, puedo darte algo si es que quieres que te salga pelo en el pecho y barbilla”. Pensé que a mí esposo no le gustaría. Empecé a deteriorarme y como eran tantas cosas por las que debía preocuparme, supuse que ya era normal sentirme cansada, acabada, frustrada. Ya no podía terminar el día sin dormir una siesta con los niños, pero incluso con eso, las tardes me quitaban la energía restante para hacer lo que tenía que hacer. Todo me estresaba, hasta las tareas más pequeñas. Soy ama de casa. Mi esposo y yo casi no teníamos ayuda, aunque, al ver a otras parejas con cuatro, seis y hasta ocho niños, me di cuenta de que algo andaba mal conmigo. La vida pasaba mientras yo perdía la batalla contra la fatiga, aumento de peso y pérdida de memoria. Un día, mi esposo escuchó un programa de radio y me dijo: “Están describiéndote tal cual”. Dejarme vencer era una injusticia para mi familia y para mi misma. Investigué sobre lo que me dijo mi esposo y llamé al consultorio del doctor Hotze. Me dieron la información necesaria para programar una cita. Aunque el costo del tratamiento se salía de nuestro presupuesto, estábamos determinados a encontrar el dinero para conseguir salud de primer nivel y felicidad. Estábamos tan emocionados de por fin conseguiría ayuda que contábamos los días para mi cita, en julio de 2005.

Durante la primera semana que tomé los medicamentos sentí que recuperaba mis días! Por fin me había liberado de la cárcel que eran los síntomas que había padecido, sin mencionar la baja función tiroidea, de la que nunca me había hablado ningún médico. De verdad recuperé mi vida. Algo de lo que me pasaba: una vez, mi hijo de veinte meses de edad se me acercó sin pañal, con popó en su espalda. Fui a buscar el pañal y en el tapete del pasillo me encontré más popó, en la habitación, junto a la cama de otro de los niños encontré el pañal con más popó en la alfombra. Eso que antes me habría derrumbado, no me afectó mucho; con calma lo limpié y seguí con el día. En este punto ya había empezado a tomar la medicina para tiroides y la progesterona. Veía las cosas con más claridad, como si las hojas fueran más verdes y los colores más brillantes.

Es cierto, suena poco realista, pero mi esposo y yo disfrutamos de nuestra renovada relación, de mi capacidad de discutir de forma racional. Antes, me frustraba tanto que no podía discutir las cosas con claridad en la mente. Ahora, bajé más de 9 kilos en cinco meses y los que quedan. Con el programa de alimentación sin levadura aprendí a combinar grupos de alimentos para maximizar mi energía. Ahora camino de 20 a 25 kilómetros por semana y retomé el Pilates. Disfruto mucho de mi energía porque puedo educar a mis cuatro hijos, administrar la casa y los gastos y organizar fiestas y días festivos. Y aunque los días siguen quedándose cortos, ahora los vivo más tranquila, sin estrés.

Han pasado casi cinco meses y ahora caigo en cuenta de lo enferma que estaba. Cada día me dejaba vacía, y lo que le sigue, y eso solo para sacar adelante la labor diaria. Si existiera un premio que pudiera darle a mi esposo por soportar, por llevar la casa y aún así tener éxito en su trabajo, se lo daría en un evento para reconocerle su devoción a los niños y a mí. Seguimos ajustando mis medicamentos: además de Armour Thyroid y progesterona, tomo estrógeno, testosterona, cortisol y otros suplementos. Confío en que con el perfeccionamiento de la reposición natural de hormonas seguiré con mi vida y haré mucho más. Recuperé mi amor por la vida. En palabras de mi esposo: “Recuperé a la Rosina de siempre”. Agradezco de todo corazón al doctor Hotze por seguir con sus estudios y desarrollo del plan de tratamiento para que tantas personas como yo puedan disfrutar de la dicha de sus familiares y amigos.

¿Puede relacionar su historia con la de Rosina? Póngase en contacto con nosotros para recuperar su vida!

Leave a Reply

Send this to friend