LA HISTORIA DE STACY

By: | Tags: | Comments: 0 | August 11th, 2015

Un buen día de primavera me llamaron de la escuela de mi hijo. La voz ronca dijo: “Stacey, tu muchacho se lastimó el dedo en la piscina, se atoró en la pared y necesitas llevarlo al doctor”. Justo en ese momento me encontraba en el tribunal defendiendo a otra víctima y la llamada fue la paja que rompió el lomo del camello. No podía con más estrés, ansiedad, la sensación de tener la barriga llena de gasolina atada a una silla sin moverme y con el cuerpo revolucionado, fuera de control. No podía con la carga. Apreté el teléfono celular con todas mis fueras, furiosa, y grité: “¡Voy ahora mismo a recogerlo, pero más vale que se haya roto el #%*@ dedo porque si no, se lo rompo yo!”. ¿Les suena eso a una madre que quiere a su hijo de 14 años? Claro que no, pero sí a una mujer cuyas hormonas que se le salen de control sin saberlo.

Camino a su escuela llamé a una amigo para que me consolara. Lloré, grité y sollocé, todo al mismo tiempo. Me preguntó si estaba llamándole del teléfono celular. ¿Quién le pregunta eso a alguien que va en el coche? Así que respondí con sarcasmo: “No, el cable del teléfono de mi casa es larguísimo”. Con ese comentario, mi amigo me pidió que por favor hablara con un doctor cuando tuviera oportunidad porque estaba pasando por EL CAMBIO DE LA VIDA. ¿Cómo puede ser?, pensé. Apenas tenía 39 años. Faltaba mucho para empezar con ese temido viaje, o al menos eso pensaba.

El doctor terminó enyesando el brazo de mi hijo porque, tercamente, así se lo pedí, aunque no lo tenía roto. Apenas llegamos a casa, se lo quitó. El doctor me dio crema de hormonas para untarme en el abdomen. Genial, pensé, ahora huelo raro y sigo comportándome como lunática. ¿Qué me estaba pasando?

Dicen que el ejercicio lo cura todo, así que decidí entrenarme para un maratón de caminata. Tomen en cuenta que unirse a un equipo que correría un maratón, en enero, en Michigan, es una locura. Entrené bajo la nieve, viento, lluvia y aguanieve para caminar lo más rápido posible. Pero, ¿qué le pasaba a mi cuerpo? En lugar de bajar de peso, comencé a engordar. Luego de seis meses de entrenamiento y de caminar por lo menos 24 kilómetros a la semana, ¡aumenté casi 16 kilos! ¿Qué locura es esta!, grité cuando la báscula traidora me lo dijo en el baño.

Volví con el mismo doctor y me dijo que seguro comía a escondidas y necesitaba una dieta baja en grasas. Le respondí que desayunaba un bagel y cenaba ensalada y ya, era todo lo que comía en el día, ¿cómo iba yo a aumentar de peso si comía solo eso? En ese mismo periodo noté que mi cuello se hinchaba y le pregunté a la doctora por eso, pero me dijo: “Es solo un músculo”. Eso me derrumbó y comencé a dudar de mi misma y a creer que estaba volviéndome loca. Tres meses después me diagnosticaron un tumor en la garganta que había destrozado mi tiroides. Después de la cirugía me recetaron Synthroid. El endocrinólogo me ajustó la dosis varias veces, pero nunca dio con la correcta. Mis niveles de TSH subían a 10 y luego caían a 0.001. Mi cuerpo estaba fuera de control y ni yo ni los que me rodeaban nos sentíamos felices.

Mi estilo de vida consistía de cambios de humor, aumento de peso, ataques de ira, ansiedad y, encima de todo, insomnio. Le rogué a Dios que me ayudará a entender lo que pasaba. Parecía que a los doctores no les importaba porque me trataban como un paciente más en su línea de producción. No querían escucharme, no me dedicaban tiempo y seguían dándome medicinas y repitiendo la misma cantaleta: “Se va a poner bien, no se preocupe”

Sin embargo, una noche de marzo Dios escuchó mis plegarias. Estaba en cama viendo la tele y en un programa vi a Suzanne Somers hablando sobre hormonas bioidénticas. Nunca había escuchado sobre eso y puse atención. Describió mis síntomas, mi vida. Al día siguiente compré su libro y lo leí de cabo a rabo en un solo día. Las hormonas bioidénticas parecían ser la respuesta a mis plegarias pero, ¿en dónde podría encontrarlas?

El internet es otra bendición disfrazada y ahí encontré una respuesta más. Escribí hormonas bioidénticas en Google y lo primero que pareció fue la liga a la página del Hotze Health and Wellness Center. Leí todo lo que había en el sitio. Los necesitaba así que los llamé inmediatamente. Para mi sorpresa y placer, la recepcionista me escuchó y me dijo todo lo que debía saber. Entendió mis preocupaciones, mis síntomas, y me pasó con una enfermera. Luego de hablar con la enfermera me quedé con la idea de que era un ángel. Como soy de Michigan, mi seguro de gastos médicos no cubría el costo total de la visita, pero todo lo que dije del centro Hotze motivó a mi amigo y él me dio el resto del dinero para el viaje.

En cinco minutos reservé boletos de avión y hotel. Luego de varias pruebas que me hice en casa (esas sí las pagó el seguro) tomé los resultados y me fui a Houston, Texas con la ilusión de que aquello fuera la respuesta a mis plegarias. Tenía miedo, pero también esperanza.

En el Centro el equipo me recibió con los brazos abiertos. La consulta con el doctor Ellsworth fue bastante informativa, me escuchó, le importó y entendió. El desequilibrio hormonal estaba por terminarse. Su enfermera me habló sobre los suplementos alimenticios y la nueva medicina para la tiroides. Era tanta información que me sentí sobrecogida, pero para tranquilizarme, me dieron varios artículos para leer y asimilarla. El siguiente paso sería ir con el farmaceuta, que me dijo que dejara de tomar Synthroid. Entré en pánico: si dejaba de tomarlo moriría. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué debía confiar en esta gente? ¿Sería que por fin moriría?

Reuní todo el valor que pude y dejé de tomar los medicamentos de antes para comenzar con el régimen que me recetaron en el centro Hotze. Luego de un día seguía viva, pero no me sentía diferente. Después del segundo día me sentí menos ansiosa y más tranquila. Para el tercer día solo me levanté dos veces por la noche. Al final de la primera semana ya dormía la noche completa, y no me había pasado eso en más de dos años. Dejé de sentirme nerviosa y mi sistema había desacelerado, ya no era como un coche de carreras esperando la bandera de salida. Vaya, esto funciona, pensé. Mi hijo se dio cuenta de que podía hablarme sin que le arrancara la cabeza. Mi amigo dijo: “Eres la mujer que conocí hace muchos años”

Han pasado dos años desde aquella visita a Katy, Texas, y ahora me siento de maravilla. Mi hijo dice que aquellos años fueron mi “periodo de enfermedad”, y ahora está encantado de que se haya terminado.

Era demasiado joven cuando los síntomas de la menopausia asomaron sus espantosas cabezas. Nadie creyó que fuera a suceder tan pronto y por eso no tomaron en cuenta mis síntomas y molestias. Sin embargo, en el Hotze Health and Wellness Center nunca minimizaron mis síntomas. Me dijeron qué era lo que le pasaba a mi cuerpo desde que me quitaron la tiroides: que había acelerado mi entrada a la menopausia. Ahora, gracias al Hotze Health and Wellness Center, ya no me da miedo seguir el camino, es un cambio de vida, natural, que acarrea una diferente forma de ver las cosas. Mi hija me regaló a una hermosa nieta para disfrutar y, si no me hubiera caído la bendición de encontrarme con el Hotze Health and Wellness Center, no podría disfrutarla como lo hago ahora. Gracias, doctor Ellsworth y equipo por devolverme mi vida.

He enviado a dos personas al centro Hotze. A la primera, de Nuevo México, la conocí durante un breve periodo en el que trabajé con su esposo. En una ocasión él me escuchó hablar con el doctor Ellsworth sobre mis medicinas, así que me contó sobre su esposa. Terminó yendo al Hotze Health and Wellness Center y ha visto magníficos resultados. La segunda persona fue un amigo que sufría horrores por alergias por inhalación y de Síndrome de Intestino Irritable. El doctor Ellsworth lo ayudó y, aunque no se ha liberado de las alergias, ya no necesita inyecciones semanales y lo que sí desapareció fue su SII; dejó de tomar Metamucil y las pastillas para combatir el dolor que lo aquejó por años. Gracias a la experiencia del Hotze Health and Wellness Center tres personas que necesitábamos ayuda de forma desesperada hemos recuperado nuestras vidas.

¿Puede relacionar su historia con la de Stacey? Póngase en contacto con nosotros para recuperar su vida!

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