LA HISTORIA DE TINA

By: | Tags: | Comments: 0 | August 11th, 2015

Mi historia comenzó 10 años antes de saber que padecía de Síndrome de Fatiga Crónica, el virus Epstein Barr o Síndrome de Intestino Irritable. Tenía 23 años y todavía iba a la universidad, me había cambiado de escuela justo antes de terminar mi título en Francés y decidí cambiar de carrera. Ese año me di cuenta de que entraba en pánico por varias cosas, y no eran ataques de pánico, solo que no ya no podía dominar el estrés normal. Me la pasaba de mal humor, irritable. También me di cuenta de que me sentía triste sin saber por qué: a veces, en la sala de lectura, me invadían unas inmensas ganas de llorar; me encontraba en la cola de alguna tienda y de nuevo, sentía ganas de llorar. Después comencé a tener problemas para dormir. Una amiga me dijo que debería ir con un doctor para saber qué me pasaba.

“Me la pasaba de mal humor, irritable. También me di cuenta de que me sentía triste sin saber por qué.”

Fui con la doctora y me recetó Prozac. Recuerdo que vi la receta pero no pude leerla, fue hasta que llegué a la farmacia que caí en cuenta de lo que me había recetado. Justo acababa de leer sobre el Prozac en mi libro de psicología. En ese momento pensé, ¿me estoy volviendo loca?, pero igual seguí tomándolo sin quejarme. Sin embargo, solo eliminó las ganas de llorar. Ya no sentía ganas de hacerlo, pero seguí con el resto de los síntomas. No me sentía yo misma. Luego de tomar Prozac durante tres años y aumentar 29 kilos, decidí dejarlo. No me ayudaba y seguía subiendo de peso.

Durante los últimos 13 años he tomado y dejado los antidepresivos. Ha sido un verdadero sube y baja de emociones, efectos secundarios y de abstinencia. Me sentía sola y perdida, me la pasaba buscando qué era lo que me pasaba. ¿A quién podía acudir por ayuda? Necesitaba una respuesta porque en el fondo de mi corazón sabía que lo que los doctores me decían estaba equivocado. No hacían ningún sentido. Cuando le explicaba a mi familia y amigos lo que eran la depresión y ansiedad, en el fondo sabía que eso no era lo que me pasaba.

“Durante los últimos 13 años he tomado y dejado los antidepresivos. Ha sido un verdadero sube y baja de emociones, efectos secundarios y de abstinencia.” 

A principios de 2002 me azotó una increíble fatiga. Un día me levanté y comenzaron tres de los peores años de mi vida. Tenía 33 años y ya trabajaba. Me di cuenta de que mi nivel de energía había caído drásticamente y dormía cada que podía, pero nunca me levantaba sintiéndome descansada. Consulté con varios doctores, pero ninguno encontró algo. En mayo de ese año me embaracé y le adjudiqué al embarazo la necesidad de dormir. Me la pasé nueve meses casi siempre dormida, 15 a 16 horas al día. Mi hija nació en febrero de 2003 y mi mamá se quedó conmigo durante los primeros tres meses. Cuando se fue pensé que me iba a morir. Tenía que cuidar a la bebé pero me sentía tan, peor tan cansada. Lloré todos los días y recé para obtener la fuerza necesaria para hacer lo que tenía que hacer. Pero era dificilísimo porque ni siquiera tenía la energía necesaria para salir de la cama. Mi esposo me ayudaba, pero estaba doce horas fuera de la casa. Los días más largos eran aquellos en los que se iba de casa.

Volví con los médicos y me recetaron más antidepresivos. No me ayudaron en nada. Seguí insistiéndoles para que me hicieran más exámenes y me hicieron pruebas de todo: lupus, MS, Parkinson, diabetes y cualquier otra mal descartable antes de emitir un diagnóstico de Síndrome de Fatiga Crónica. Recuerdo el día en que el doctor me dijo que padecía Síndrome de Fatiga Crónica, Síndrome de Intestino Irritable y virus Epstein-Barr. Solo dijo que no entendían el SFC y que no existía tratamiento alguno.

“Solo dijo que no entendían el SFC (Síndrome de Fatiga Crónica) y que no existía tratamiento alguno.”

De nuevo, me sentí tan sola y perdida que comencé a buscar y buscar. Y el hecho de que los doctores no hicieran caso de lo que decía solo complicaba más las cosas. Fueron muchas las veces que me hicieron sentir estúpida y terminaba de vuelta en casa y me ponía a llorar. También fueron muchas las veces que sentí que la gente cercana a mí no me creía. No entendían el infierno por el que estaba pasando y solo algunos me apoyaron un poco. Fueron mis esposo, padres y mejor amiga quienes me apoyaron más y me animaron a seguir.

Por fin llegó el día por el que había rezado tanto. Mi madre había vuelto para ayudarme, ahora por 6 meses y sucedió 2 semanas antes de que volviera a casa. Mi mejor amiga me llamó para darme información sobre una clínica en Houston, Texas, de la que había leído en un vuelo de vuelta de un viaje de negocios. El artículo trataba sobre todo lo que yo había experimentado. Como si lo hubieran escrito por mí. Decidí llamar y eso fue un punto de quiebre en mi vida. Por fin hablaba con alguien que entendía por lo que estaba pasando. La persona que me atendió no me hizo sentir estúpida, estuvo de acuerdo con que algo andaba mal conmigo… eran mis hormonas. Me emocioné tanto que programé una cita y el 10 de junio de 2004 mi esposo y yo volamos a Houston para conocer al doctor Ellsworth en el Hotze Health and Wellness Center. Lloré cuando me dijo que mejoraría. Nunca pensé que escucharía esas palabras de boca de un doctor.

Estuve cuatro horas en la clínica y me dieron un tratamiento que me devolvió la vida. Sigo la terapia de reposición de hormonas bioidénticas, que consiste de progesterona, Armour Thyroid, cortisol y DHEA. También sigo el programa de suplementos vitamínicos y me alimento mucho mejor, la dieta sin levadura para atender mi Síndrome de Intestino Irritable y restaurar las bacterias naturales protectoras de mi cuerpo que mataron los antibióticos luego de muchos años.

Me siento mejor que nunca. Soy una persona totalmente diferente. Ha sido una experiencia que cambió mi vida..

“Lloré cuando me dijo que mejoraría. Nunca pensé que escucharía esas palabras de boca de un doctor.”

Estuve cuatro horas en la clínica y me dieron un tratamiento que me devolvió la vida. Sigo la terapia de reposición de hormonas bioidénticas, que consiste de progesterona, Armour Thyroid, cortisol y DHEA. También sigo el programa de suplementos vitamínicos y me alimento mucho mejor, la dieta sin levadura para atender mi Síndrome de Intestino Irritable y restaurar las bacterias naturales protectoras de mi cuerpo que mataron los antibióticos luego de muchos años.

Me siento mejor que nunca. Soy una persona totalmente diferente. Ha sido una experiencia que cambió mi vida. Si quiere transformar su vida como Tina, no espera más.  ¡Haga clic aquí para ponerse en contacto con nosotros!

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