LA HISTORIA DE LISA – FATIGA, NEBLINA MENTAL Y SINUSITIS

By: | Tags: | Comments: 0 | August 12th, 2015

“Mi vida se parece mucho a una televisión” le dije al Dr. Ellsworth cuando llamó para revisarme unos días después de que llamé al Hotze Health & Wellness Center. Antes de visitar el centro, era casi como si estuviera parada fuera de una gran televisión  en blanco y negro (¿las recuerdan?) viendo mi propia vida pasar. Todo se movía de cierta forma lenta y en un tono gris. No podía pensar claramente. Mi cerebro estaba en una especie de neblina. La pérdida de memoria a corto plazo e incapacidad para pensar de forma clara se volvía el centro de las bromas de los demás . Esto se volvió en un problema muy vergonzoso para mí. Soy dueña de un negocio y tengo dos pequeños hijos y se me estaba haciendo difícil manejar todo a la vez. Los constantes problemas gastrointestinales, sinusitis, fatiga diaria, SPM y dolores musculares y de articulaciones se volvía algo bastante frustrante y preocupante.

Cuando estaba en el inicio de mis veintes, fui diagnosticada con hipotiroidismo. Cuando la enfermera del consultorio de mi doctor llamó con los resultados de laboratorio, ella dijo “tus resultados muestran que tienes un problema de tiroides y necesitarás prescripción médica para el medicamento Synthroid. Notificaré a tu farmacia el día de hoy” . Le pregunté qué era exactamente un “problema de tiroides” y si era muy alta o baja. Me dijo que no sabía, que las pruebas de tiroides eran muy confusas para ella pero que debía tomar el medicamento y estaba segura que me sentiría mejor pronto. Todo esto fue de miedo. Una enfermera que decía que no entendía los “problemas de tiroides” estaría recetando mi medicamento. Debido a que era obvio que mi doctor no me llamaría a explicármelo tampoco, yo fui una “buena” paciente, tomé la medicina y si me sentí un poco mejor. Hice lo que me dijeron, me las arreglé, bebí mi  taza de café  ocasional y continué con el programa,

Después de dar a luz a mi segundo hijo, me parecía que todo el optimismo y motivación del mundo no me haría sentir bien nuevamente. Estaba perdiendo el cabello, totalmente exhausta, experimentando terribles problemas estomacales, con fuertes dolores musculares y en articulaciones, sufriendo de la perdida de memoria, neblina mental, síndrome premenstrual, alergias, incapaz de entender y ansiosa por no saber qué estaba mal en mi. Obsesivamente comencé a contar cuántas horas  de sueño tendría antes de despertar. Incluso pedí vacaciones, le dije a mi esposo que lo que quería de regalo de cumpleaños era una noche en un hotel (para dormir, sola).

Visité mi obstetra para una cita de seguimiento cuando mi bebé tenía seis u ocho semanas de edad. Honestamente, me sentí muy avergonzada de contarle todo lo que estaba mal en mi, así que solo conté lo más fuerte. Casi me caigo de la mesa cubierta de vinil cuando me dijo que ella podía prescribirme un antidepresivo y que tenía razón para estar cansada – tenía 2 bebés y un negocio. ¿Quién no estaría cansado? Comencé a preguntarme si tal vez había dejado de hablar el mismo idioma, aparte d eso, porque no podía recordar haber dicho nada sobre estar deprimida. Pero nuevamente, no podía recordar mucho. Le dije que no estaba triste, estaba enferma. Me negué a tomar el antidepresivo y me fui a casa enferma. Hice lo que las mujeres hacen y continué. Puse una sonrisa en mi rostro cuando lo necesitaba y seguí el acto de malabarismo mientras podía. Me comencé a preocupar de que tal vez me estaba muriendo por una enfermedad terminal que sería descubierta demasiado tarde. Empecé a pensar que de ser así, sería bueno saber, para l menos aceptarlo y enfrentarlo en mi vida. Una mañana me quedé dormida mientras mi bebé estaba sentado en su silla especial comiendo su desayuno y desperté treinta minutos después. El seguía ahí sentado gracias a Dios. Podía estar cabeceando de sueño mientras leía cuentos a mis hijos y responder sin sentido cuando me hacía preguntas a las que no ponía atención.

Sentía que mi vida se me estaba yendo. Me estaba perdiendo a mis niños porque cuando estaba ahí con ellos, realmente no estaba. Hice un esfuerzo por comenzar a poner más atención, a vivir el momento, a participar en mi propia vida. Esto simplemente requería más energía que no tenía. Me preguntaba por qué no podía “controlarme”. Tenía 29 años, tenía una hermosa familia y mis sueños de tener mi negocio propio se había vuelto realidad.

Todo parecía ir bien en mi camino. Comencé a investigar y buscar libros y páginas de internet sobre la mujer y problemas de hipotiroidismo. Empecé a orarle a Dios que me enviara ayuda. El cumpleaños de mi mamá se acercaba y le compré un libro del Dr. Hotze como regalo. Ella me lo regaló de vuelta y me dijo que era yo la que lo necesitaba. Después de leer el libro, escuchar al Dr. Hotze hablar y recibir numerosas recomendaciones de “invitados” actuales en el Hotze Healh & Wellnesss Center, decidí que quizá mis oraciones habían sido respondidas y que debía dar  el siguiente paso.

Estaba mu emocionada después de hablar con la mujer que agendó mi cita. Me dio esperanza de que estaría mejor, el día de mi cita, dudosamente revelé mis síntomas al Dr. Ellsworth. Me preocupaba que pensara que yo era una loca hipocondríaca. Este sentimiento solo duró unos segundos antes de darme cuenta de que estaba segura y que había alguien que realmente me escuchaba y quizá hasta me ayudaría.

Mi paciente y amable doctor creó un tratamiento específicamente para mi que incluía hormonas bioidénticas,  suplementos de vitaminas y minerales y una dieta libre de levadura.

Dos días después de mi cita me desperté con la sensación de “estar viva”. Me senté en la cama y esperé algunos minutos, segura de que estaba solo en mi cabeza este sentimiento de estar bien. Esperé a sentirme peor, pero muy pronto era mediodía y me estaba sintiendo genial.  Llegó la hora “pesada” de la tarde y la pasé bien. Llamé a todos los que conocía a contarles lo fantástica que me sentía, nada me dolía. Nuevamente la televisión estaba a color, vivía en “Tecnicolor” Mi vida casi se había convertido en una de esas hermosas televisiones, claras, colorida, digital de pantalla plana. Y en lugar de sentarme a verla, estaba en ella. Iba a vivir mi propia vida de nuevo. Cuando el Dr. Ellsworth me llamó para darme seguimiento, estaba encantado de escuchar las buenas noticias. Me preguntó por mi dieta libre de levaduras y le dije que comería col verde cruda e cada comida por el resto de mi vida si eso era lo que tenía que hacer para sentirme bien. ¡Y ni siquiera tengo que hacer eso! Ya no cuento cuántas horas dormiré antes de despertar, simplemente deseo despertar. Ahora me doy cuenta que haber estado enferma tanto tiempo fue realmente una bendición porque ahora aprecio y valoro mi salud mucho más. Gracias Dr. Ellsworth. Gracias a cada uno en Hotze Health & Wellness Center por su cuidado, preocupación y el trabajo que hacen para devolver a las mujeres su salud, dignidad y sus vidas.

 

¿Puede identificarse con la historia de Lisa? Póngase en contacto con nosotros hoy mismo y permítanos ayudarle a recuperar su vida.

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