LA HISTORIA DE VICKI – DE CICLOS MENSTRUALES DOLOROSOS A LA MENOPAUSIA

By: | Tags: | Comments: 0 | August 10th, 2015

De niña sentía unas ganas irrefrenables de ser mayor. Sucedió a los trece años: a mi pequeñísimo mundo llegaron fiebre, inflamación, dolores agudos y otros malestares. Sin embargo, no eran síntomas de alguna enfermedad infantil que luego desaparecería. Para mí aquel era el mundo adulto, mi entrada a la feminidad. Los síntomas me acompañaron durante la adolescencia y hasta después. En aquellos años, mi madre siempre se apoyó en los consejos del médico de nuestro pueblito. En una de las visitas, el doctor dijo que la única solución podrían ser las pastillas anticonceptivas. Ni mi madre ni yo aceptamos la solución. Las pastillas anticonceptivas quedaban fuera de discusión.

Los síntomas disminuyeron un poco después de casarme. Ya podía al menos tolerar ‘esos días del mes’ con algo de hielo, aspirinas y un marido bastante tolerante. Pero en la década de 1970, en los años siguientes al nacimiento de mi hija, volvieron los mismos malestares. Hablaba de los síntomas con el ginecólogo cada que iba a mi revisión anual. Una vez me dijo que “algunas madres jóvenes pasan por lo mismo”. Incluso me dijo que quizá fuera depresión posparto. ¿Qué? Trabajaba como maestra de una primaria y no tenía tiempo para eso. Varios años después, alguien dejó una nota en mi expediente médico en la que decía que mostraba algunas señales de baja función tiroidea, aunque me dijeron que no debía preocuparme porque “es normal a su edad”. Ah, bueno, gracias. Tenía apenas 30 años.

Mi familia y yo nos mudamos a Houston en 1985 y ahí arrancamos un negocio de aires acondicionados. Eso consumía todo el tiempo que teníamos. Conforme me acercaba a mi cumpleaños número 50, sentía que también llegaría el fin de tantos años de preguntas sin respuesta y síntomas frustrantes. ¡Pero no! Aparecieron nuevos problemas: pérdida de pelo, mareos, sudoración nocturna, bochornos durante el día, aumento de peso, inflamación, retención de agua… bien, había sido suficiente. Consulté con varios doctores y les hablé de los nuevos síntomas, pero todos dijeron lo mismo: “Es normal a su edad” (¿en dónde había escuchado lo mismo?). La diferencia fue que ahora los síntomas llevaron una etiqueta: menopausia. Al diagnóstico lo acompañaron varias recetas de medicamentos en diferentes dosis, cantidades, formas, tamaños y colores, con nombres como Premarin, Provera, Cyrin y Cloimara. Y ya que hablábamos de nuevos síntomas, con los medicamentos surgieron más; el más severo fueron las migrañas. Cuando llamé al médico, sin siquiera verme, me recetó un nuevo medicamento para mi nuevo síntoma. Con eso le puse punto final a mi relación con los medicamentos cuyos efectos secundarios eran interminables.

Para mi fortuna, me encontré con un artículo en una revista local sobre tratamientos naturales para la salud del cuerpo y de la mente. El texto se enfocaba en las alternativas naturales para la buena salud y medidas preventivas para mantener un cuerpo activo y saludable.

Mi experiencia con el Hotze Health and Wellness Center fue y sigue siendo de las más agradables, educativas y curativas de mente y cuerpo de toda mi vida. Pasé cuatro horas hablando de mi misma y de mi cuerpo, pude explicar a detalle todos los síntomas y los numerosos métodos sintéticos que me habían fallado. Ningún médico me había escuchado por más de 15 minutos, así que fue la primera vez que de verdad me puse a pensar en mis problemas. Me di cuenta de que el enfoque era sanar mi cuerpo de manera natural y nutritiva, con la ayuda de la valiosa información que me dieron sobre los alimentos y la forma en que influyen en el cuerpo. Conforme hablaba, comencé a hacer preguntas y entendí que mi salud dependería de que yo tomara el control y aceptara algo de responsabilidad por la salud y bienestar del único cuerpo que voy a tener.

“Mi experiencia con el Hotze Health and Wellness Center fue y sigue siendo de las más agradables, educativas y curativas de mente y cuerpo de toda mi vida.”

Había aceptado los síntomas que me aquejaron durante toda mi vida como parte del día a día, pero ahora son un recuerdo. Los medicamentos que estoy tomando para equilibrar mis hormonas y para la baja función tiroidea son derivados de plantas, por lo tanto, no tengo que lidiar con efectos secundarios. Ya me pregunto con qué síntoma me enfrentaré en el día, pues ya nada me duele. Cada uno de los síntomas tenía una causa, y junto con el peso de más desaparecieron gracias al entrenamiento nutricional y los suplementos naturales. Rezo porque cada hombre y mujer tengan la oportunidad de experimentar la misma libertad que yo.

¿Se identifica con la historia de Vicki? ¡Póngase en contacto con nosotros y permítanos ayudarle a recuperar su vida!

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